Se busca que la parte del diente que se ha perdido por caries o por alguna otra causa, sea reconstruida con diversos materiales como lo son las resinas o la amalgama. Por lo general, la resina es de un color muy parecido al diente natural, por lo que es muy común su uso en dientes anteriores o que necesitan un alto componente estético.
Amalgama (calza negra) vs. Resina compuesta (calza blanca)
Este es un tema con opiniones divididas, tanto entre colegas como entre pacientes. La pregunta es: ¿mejor en qué sentido? ¿En color, en resistencia, en cuánto dura o en qué tan bien la tolera el organismo?
Como pasa con casi cualquier material en odontología, ninguno de los dos es perfecto: cada uno tiene su punto fuerte y su punto débil. Por eso vamos a repasarlos uno por uno para que cada quien saque su propia conclusión.
Aquí no hay mucha discusión posible: la resina (el composite, la calza blanca) gana por lejos, a menos que prefieras un tono gris oscuro o plateado en tus dientes.
Este sigue siendo un punto de debate. Hay quienes sostienen que la amalgama, por su contenido de mercurio, puede resultar tóxica para el organismo y por eso recomiendan usar únicamente resina; otros consideran que no representa ningún riesgo real. Vale la pena informarse bien antes de sacar una conclusión.
En cuanto a resistencia mecánica, los dos materiales se comportan de forma bastante pareja.
Con la resina basta con retirar el tejido dañado por la caries, porque el material se adhiere directamente al diente. La amalgama, en cambio, no se adhiere: necesita que se le prepare una cavidad con una forma específica para quedar bien retenida, lo que obliga a desgastar también algo de tejido sano.
Este punto es clave: la amalgama tolera bien condiciones poco ideales —por ejemplo, si la cavidad se humedece con saliva o sangre— y se coloca en menos tiempo, con una técnica más sencilla.
La resina, en cambio, es mucho más sensible a la humedad, exige una técnica más exigente y toma más tiempo para colocarla bien.
Este punto está muy ligado al anterior y también genera bastante discusión.
Cuando la humedad no es ideal y el profesional tiene poca experiencia o poco tiempo, la amalgama suele seguir dando una restauración de calidad aceptable y con buena durabilidad, sin que la caries vuelva a aparecer.
Con la resina, en esas mismas condiciones (poca experiencia, poco tiempo), el resultado suele ser mucho más pobre, con bastante más riesgo de que la caries reaparezca pronto.
Cuando la resina se coloca de la forma correcta, respetando las condiciones que el material exige, hay estudios recientes que muestran una durabilidad a 12 años similar a la de la amalgama (aunque en el consultorio sigo viendo con frecuencia amalgamas de más de 20 años en buen estado). Por eso la resina, en este punto, carga con una fama peor de la que en realidad merece.
No siempre conviene usar uno u otro material sin criterio. Como profesionales, a veces caemos en el error de tener una preferencia marcada por uno de los dos, o de aplicarle al material nuevo la misma técnica que usábamos con el anterior.
También pasa que, por falta de tiempo, de capacitación o por presión del propio paciente, terminamos usando técnicas o materiales para los que no estamos del todo preparados, y eso se termina reflejando en el resultado final.
En Sonrilaser, el Dr. Carlos Delgado Santaella —con Diplomado en Estética y Rehabilitación Oral de la Pontificia Universidad Javeriana— evalúa cada caso de forma individual antes de recomendarte resina o amalgama, priorizando siempre la opción que mejor proteja tu diente a largo plazo y no solo la más rápida de colocar.
.@clínicasonrilaser